El pianista canadiense Glenn Gould Herbert (1932-1982) fue uno de los pianistas clásicos más famosos y más célebres del siglo XX, y un icono y constante fuente de inspiración y de debate. Tal vez reconocido como el más grande intérprete de la música para teclado de Johann Sebastian Bach.

Su célebre silla, que le acompañaba a todos sus conciertos, era algo así com una prolongación de sus rasgos de carácter.

 

 

¡La música puede acercarnos al momento sublime, a la pura abstracción, al tránsito!

 

 

 Glenn Gould, uno de los grandes pianistas de la historia, era un hombre peculiar que vivía  verdaderamente la música  y de manera única. Se dice que de niño no lloraba; en vez de eso, tarareaba. No solía practicar; simplemente preparaba sus conciertos mentalmente, tocando con dedos imaginarios.  

Era realmente un genio musical, no solo un artista talentoso, también un intelectual de la música. Fue un importante filósofo con ideas estéticas respecto a llegar al corazón de la modernidad cultural en las grabaciones de audio. Tuvo una carrera meteórica, llegando a la celebridad en 1955 a la edad de veintitrés años con  su grabación-debut, en los Estados Unidos, de las bellísimas y tan complejas de ser interpretadas las «Variaciones Goldberg de Bach».

De este video recuperado por Robert Krulwich dice: …observar a Gould delante de su piano en casa, es una cosa como ver «a Michael Jordan jugando a baloncesto o a Etta James cantando blues; hay una concentración, un zoom que es tan profundo que se siente especial, como una forma de éxtasis». En ocasiones el Funkelin se enciende, el cuerpo se deja poseer por la musa en movimiento; esto le pasa a Gould tocando una fuga de Bach. Al minuto 1:57 podemos ver como Gould deja de tocar y va a la ventana, mientras sigue la música con su voz barítona –y vuelve en un estado de tránsito.

 

 

Este estado es el que Mihaly Csikszentmihalyi nombró «el estado de fluidez» (a veces conocido como «flow»). El neurocientífico Daniel Levitin describe el «flow» como la fusión de «la acción y la atención«, en el que se hace un completo involucramiento , hasta el punto de que, «lo qué piensas se convierte en lo qué haces«, y «el tiempo desaparece» , e incluso la identidad se diluye en el «maravilloso éxtasis de una actividad«. 

De nuevo Krulwich dice: Es un misterio como llegamos aquí. Entra la dopamina y la noradrenalina: se suprime el hambre y el deseo sexual … estás libre para jugar de manera profunda con asociaciones en el flujo de la consciencia; estás liberado químicamente y puedes expandirte ampliamente. Sí, realmente no sabes quien eres o qué está pasando; pero el solo hecho  de que está pasando es una de las experiencias más maravillosas.

Cuando veo Glenn Gould caminando de vuelta a su piano, llevado aquí por una fuga del siglo XVIII, veo un hombre transportado, un hombre que se ha encontrado, un hombre en un estado de gracia. Si existe el cielo, Glenn Gould está muy cerca en este momento.

Quizás Gould prueba el éxtasis divino reservado para el artista, una cosa equivalente a lo que le pasa al hombre religioso cuando entra en un estado de kundalini. Una forma de posesión divina en la cual el cuerpo es un diáfano vehículo para el  espíritu: una descarga numinosa que recorre todo el cuerpo (lo utiliza para comunicar lo inefable).

 

               vía cultura inquieta

 

 

Gould veneraba a Bach, y tenía una comprensión profunda y característica de su contrapunto, con su particular toque percusivo. Esta perspectiva tenía una autoridad histórica: el renacimiento de Bach empezó a mediados del siglo XIX, con Mendelssohn, y, en el momento en que Gould llegó, el juego de Bach llegó a través del filtro del romanticismo.

Gould hizo el efecto de limpiar y recuperar a Bach, de eliminar un siglo de barniz que lo distorsionaba y volver a la música a sus raíces intelectuales más rigurosas. Pero este rigor es también evidente en su actuación, que, a pesar de su claridad iluminadora, puede llegar a ser excesivamente metronómica (medía el tiempo y marcaba de forma exacta el compás de las composiciones musicales).

 

         

         

         

 

El 1 de marzo del 2017 a  20.630 millones de kilómetros, la sonda Voyager 1 se acercaba a la estrella Gliese 445 custodiando un disco dorado con información del planeta Tierra, saludando en diversos idiomas y una grabación de El clavecín bien temperado, de Johann Sebastian Bach, interpreda por Glenn Gould.

Seguro que, hoy, Glenn Gould está tomando un café con su admirado y venerado Bach y lo felicitará por el día de su nacimiento, el 21 de Marzo de 1685 (del calendario juliano).

Allá va, también, nuestro más sentido homenaje a los dos Maestros y lo celebraremos haciendo un brindis en su honor, deleitándonos y dejándonos llevar por la sublime y exquisita interpretación de esta bella obra, tan personal como virtuosa, tan apasionada como elegante.